lunes, 10 de diciembre de 2012

De jardines, lugares frondosos y ausencia de filtros.

Hay ocasiones en la vida de toda persona en las que desearíamos no estar donde estamos, teletransportarnos al asteroide b612 con El Principito y empezar una nueva vida lejos de la situación bochornosa que acabamos de vivir.

Y es que amigos, de las meteduras de pata y los jardines no nos libramos nadie. No me digáis que no os ha ocurrido nunca. Sentir que queréis que se abra la tierra y os trague, o que aparezca el famoso agujero de Cuatro y os absorba así de repente. ¡Me voy a pedir uno de estos por reyes!

Mi último momento glorioso de este tipo fue el pasado viernes. Digo mío porque estaba allí, aunque el mérito y el protagonismo son de otra persona, no quiero yo atribuirme medallas que no me corresponden, ¡faltaría plus!

A lo que vamos. El pasado viernes estaba yo tomando un vino con una amiga tranquilamente en un bar del centro de Santander. No me acuerdo exactamente de sobre que versaba la conversación en aquel momento pero bueno, allí estabamos las dos de parloteo intentado arreglar un poco el mundo. En un momento dado, veo que se acerca una chica que iba conmigo al colegio hace años. Se acerca a nosotras, me mira, sonríe, pone su mano sobre mi tripita y me suelta "¿¿¿Que???" Incapaz de reaccionar ante tamaña situación, la miro con cara de circunstancias y alcanzo a contestar "¿Queee?" sin dar crédito a lo que estaba sucediendo. Y ella, que no lo pilla, no filtra ni entiende mi cara de estas-metiendo-la-pata-hasta-el-fondo-bonita espeta sin más: "Estas embarazada, ¿no?" Así, sin anestesia, epidural o fármaco sedante de por medio. 

Paremos un momento para recapitular. A ver, vale que no soy Kate Moss y que ahora mismo soy más de la talla 40 que de la 38 de antaño, pero de ahí a que me veas con un jersey un poco flojo y deduzcas una vida rodeada de churumbeles y pañales para mi, va un trecho largo. Nótese también, por si el lector no se ha fijado, que recibí esta visita con un vino entre mis manos.

Volvamos a la situación. Cuando consigo reaccionar, le contesto con un "No...." que me hace sentir más vergüenza a mi que a la propia interesada. Y acto seguido suelto algo como "Son estos jerseys que se llevan ahora, que al ser flojos llevan a equívocos..." Yo. Eso lo digo yo. No se si os habéis visto alguna vez en una situación similar, pero es que en ese momento es lo que os digo, lo pasé yo peor por ella que ella misma. Al día siguiente se lo contaba  a una amiga y me preguntó "¿Y que cara se le quedo?" Y no supe contestarla por eso mismo, porque en ese momento solo podía pensar en como se podía haber metido en tal jardín ella solita.

Hoy, dos días después analizando la situación con cierta distancia, permitidme que os regale un consejo: Amigüitos y amigüitas míos y mías, pensad siempre antes de hablar.
No es dificil ni duele, lo prometo. Simplemente se trata de analizar las palabras que están a punto de salir por vuestra boca y filtrad, por favor filtrad. Por vuestra salud y la de los demás. Y por no pasar, desde ese momento mismo, a convertiros en carne de blog para una servidora.

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